No debe andar el mundo con el amor descalzo,
enarbolando un diario, como un ala en la mano,
trepándose a los trenes, canjeando-nos las risas,
golpeándonos el pecho con un ala cansada.
enarbolando un diario, como un ala en la mano,
trepándose a los trenes, canjeando-nos las risas,
golpeándonos el pecho con un ala cansada.
Porque entonces las manos son inútiles fardos,
y el corazón apenas una mala palabra.
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